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Capítulo 8

Smirnov

518 palabras · Subido hace 42 días

Pronto, todo el mundo conocerá tu rostro querido hermano —dice Olga acomodándole el cuello de la camisa a Smirnov.

—¿Preparados? —se escucha al de la cámara—. Solo tenemos una toma.

—En vivo en tres, dos, uno… Мотор! —la luz de la cámara cambia a verde.


“Personas alrededor del mundo mueren todos los días debido a la ineptitud de los gobiernos y a la codicia de la industria farmacéutica. El día de hoy, más de doscientos médicos de dieciséis nacionalidades diferentes han llegado a nuestra sede. Profesionales ansiosos por experimentar sin reglas ni burocracia. Con cada experimento, la verdad saldrá a la luz.

Nuestra única demanda…No se metan en nuestro camino o volaremos nuestras instalaciones junto con todo el estado de Jalisco.

Se estarán preguntando… ¿Quién soy? Pero eso no importa… Lo que importa es nuestro plan. Lo que importa es… que lograremos lo imposible.

Agradecemos al pueblo mexicano por su hospitalidad y su deficiente sistema. Gracias a ustedes, hemos logrado la participación de mil quinientos enfermos terminales o con enfermedades crónicas. Su silencio, nos permitió crear nuestro sueño.

Y su corrupción… Nos salvará a todos”


—Стоп! Perfecto, Smirnov. ¡Perfecto!

Olga no le quita los ojos de encima mientras da media vuelta y sale de la sala de grabación.

—Asegurate de subirlo a todas las plataformas antes de que iniciemos —le dijo al de la cámara mientras dejaba su puro en el cenicero y salía por la misma puerta que Olga.

Ahí estaba ella. La antesala en silencio absoluto.

—Nuestra мать estaría orgullosa —sus ojos verdes llorosos.

Smirnov solo asentía.

—La nación nos negará. Los medios nos silenciarán. Los libros nunca mencionarán nuestro nombre.

—Nos llamarán asesinos —respondió él. Cada vez más cerca.

—Borrarán nuestra historia de la faz de la tierra —Olga comienza a morder su oreja.

Después, es empujada hacia la pared. Smirnov con el arma sobre su mentón.

—No esperaba menos de un Spetznas —agarra la pistola y se la apunta hacia su vagina antes de atacar los labios de Smirnov.

Después, comienza a besar su cuello, apretándo tan fuerte su cuerpo contra el suyo. La pistola cada vez más introducida en su sexo.

—¿Está cargada? —pregunta ella.

—¿Tú qué crees? —Olga comienza a gemir mientras él empuja con fuerza la empuñadura.

Comienza a jalar su camisa hasta que la tela comienza a desgarrarse.

—El día de hoy lo recordarán esos hijos de puta —deja de besarlo para bajarse los pantalones.

Smirnov avienta el arma al piso y hace lo mismo para después levantarla con las dos manos sobre sus nalgas.

Las embestidas son fuertes y precisas. Los gemidos cada vez más fuertes. Los besos se convirtieron rápidamente en mordidas. El peso de ella, sostenido con una sola mano, con la otra apretando uno de sus senos.

Nunca había sentido a Olga tan mojada.

¿De dónde había sacado Smirnov esa fuerza? Con las pocas horas de sueño y la mala alimentación no dejaba de preguntárselo mientras la hacía venirse una y otra vez.

Esa era su celebración. Su victoria, ahora solo debían de dejar trabajar a los expertos. O al menos, eso es lo que pensaban.

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