La locutora de noticias estaba narrando lo que aparecía en el prompter. Su cara incrédula.
Smirnov cambió de canal.
—Esto es un acontecimiento que no tiene precedentes. Las autoridades están tratando de dentificar algo en común de las personas que están abarrotando los vuelos.
Smirnov cambió de canal
¿Qué estará pasando en México, específicamente en Guadalajara, que está desplazando a esta enorme cantidad de gente?
Aquel hombre estaba viendo la televisión, atento, pensativo, meditativo. El humo de su puro inundaba la habitación. Su rifle semiautomático recargado en el sillón.
Hora de hacerlos pagar… mi querida Olga.
Su sonrisa era el de una persona que sabría lo que ocurriría, que había planeado el futuro. Una persona con un plan.
El hombre apagó la televisión. Se puso el puro en la boca y se levantó del sillón. Tomó su rifle y caminó lentamente hacia un escritorio en donde solo había un objeto. Un teléfono rojo de una sola señal, conectado manuamente a otro y que no había que marcar ningún número para que lo pudieran escuchar.
Al otro lado, solo se escuchaban respiraciones.
—Ha comenzado.
Cuelga el teléfono.
