Demonios, el vuelo viene más lleno de lo que esperaba.
Sam pudo ver que una persona, dos filas delante de la que estaba, sacó un aparato que le parecía familiar de su mochila. Cuando vió el estetoscopio, bufó.
Bien, al menos no soy el único loco.
Sam se encontraba en el vuelo 747 de American Airlines rumbo a la Ciudad de Guadalajara. México.
Cuando su colega de la universidad de Harvard le había hablado por teléfono y le mencionó que tenían que ir a México, Sam pensaba que le hablaba de vacaciones. Pero él núnca se imaginó que ese no era el motivo.
Su primer pensamiento, era que William, el número uno de la clase del 73 se había vuelto loco cuando le explicó la razón. Pero la herida estaba demasiado reciente en la mente de Sam. La pregunta “¿Y si hubiera intentado esto?” seguía muy presente en sus noches, arrebatandole el sueño y orillandolo a tomar más vino de lo normal.
Espero pueda darle una razón a mi vida…
¿Quién lo hubiera pensado? Que regresaría a este país después de veinte años. Por supuesto, aquella vez lo único que necesitaba decir era: “más tequila y tacos porfavor”. Durante aquella despedida de soltero en Tijuana.
—Nos preparamos para el descenso —se escuchó el piloto.
Rápidamente, Sam se ajustó el cinturón de seguridad y se puso de nuevo sus audífonos.
Comienza a escuchar “Raindrops Keep Falling on my Head de B.J. Thomas”. Era la canción que le generaba paz. Era la canción que escuchaba aquel verano cuando su hijo Tom, de diez años jugaba en el patio. Esa canción le recordaba aquella imagen cuando su hijo seguía vivo. Antes de que esas imágenes fueran intercambiadas por las de Tom en una cama de hospital antes de que el cancer terminara con su vida.
