—Adriana. Dígale que ya puede pasar.
Enrrique se levantó de la silla, aplaudió y se frotó las manos.
—¿Es ese día del mes eh? —una sonrisa en su cara.
Aquel hombre con lentes oscuros llegó a saludarlo. Desganado y serio.
—Esta vez ha sido diferente, Enrique, vamos a sentarnos por favor —sugirió aquel hombre mientras señalaba la silla de Enrique. Las banderas tras de esta.
—Ah sí, ¿cómo que diferente? —le puso una mano en el hombro.
—Esta vez el maletín venía vacío —apretó los dientes.
—¿Cómo que vacío? A ese cabrón se le dio el paquete VIP… El paquete cero preguntas… Y apoyo inclusive de los grupos locales.
El hombre solo negaba con la cabeza.
—Pinche traga vodka hijo de puta —golpeó el escritorio.
En eso, el teléfono de la derecha comenzó a sonar. Enrique comenzó a respirar por la boca…
—Vete de aquí.
—¿Qué?
—¡Que te largues de aquí chingado! ¡Adriana, cancelame todas las citas!
Tomó el teléfono negro. La bocina empolvada.
Calmado cabrón… Calmado…
—¡Enrique al habla!
—¿Qué chingados está pasando en tu estado?
