¡Maldita fila! Necesito llegar antes que todos. Por lo menos media hora antes de la que se mencionaba en el foro. Y necesito contrarrestar el afecto del Dramamine con el de la cafeína.
Tá madre… ¿Qué tan desesperada estoy que busco noticias en un foro de internet?
—Qué le sirvo?
—Un café venti del día por favór —la mirada perdida.
Espero que no tengas razón mamá, a papá le encantaría restregarmelo en la cara. Pero ya estoy arta de cubrir reportajes de baches en la ciudad o de que la colonia Del Valle se volvió a inundar.
—¿A qué nombre pongo su bebida?
Georgina estaba cansada de hacer reportajes mediocres. Este trabajo le podría costar su vida, pero estaba dispuesta a ser la única con la historia.
Espero que la entrevista me salga bien. Mi primer reportanje encubierto pensé que sería haciendome pasar por una simple ladrona o una narcotraficante. No una enfermera.
—¿Disculpe, a que nombre pongo el café?
—Ya te dije… Quiero un Venti del día.
La señorita le pasa el vaso al varista sin anotar nada.
—Georgina…Georgina… —se dio cuenta de su falta de atención.
¡Chingado!… Si en la entrevista respondo así, estoy muerta.
Se fue a sentar, metió la mano en su bolsa y sacó una libreta. Luego una pluma, pero al ver que era la cámara la guardo y sacó otra pluma. Se puso a repasar las preguntas del libro “Manual de enfermería”.
—Café venti del día —dijo el varista tres minutos después.
Georgina recogió el café y se apresuró a salir del aeropuerto. Tiró el manual en el primer bote de basura que encontró.
